viernes, 11 de abril de 2014

Interpretando un texto I



La interpretación, el entendimiento y la crítica resultante (si la hay), son procesos (productos) que tienen límites, y por consiguiente, sus alcances también. El desconocimiento (o negación) de estos límites evita ponderar estos procesos y sus alcances de manera prudente.
Por ello creo que querer comprender el sentido “original” de un texto, es decir, descubrir la idea en la mente del autor tras cada oración, es ambicioso, por no decir pretencioso (y estéril, pero esto último es harina de otro costal).
Aclaro que ésta es mi postura, y no la considero ni única ni la mejor. Lamentablemente esta fuera de mis alcances poder decir de manera determinista si es posible o no conocer el sentido “verdadero” de una obra.
Creo que la postura de que, en palabras de Borges, hay tantas versiones de un libro como lectores, puede ser incómoda para algunos lectores, porque nos obliga a transformarnos, como menciona Cortázar en Rayuela, en lectores activos; así el fenómeno de la lectura depende de la participación mental activa del lector, y no es un fenómeno preconfigurado que se limite a transmitir ideas al lector.
Por desgracia, como es costumbre, los extremos estrangulan el desarrollo de los procesos. Tan perniciosa es  la postura que sostiene que hay una única significación para un texto,  y es la que el autor “quiso decir”, aunque sea otra persona (no el autor) la que la da; generalmente amparada en una preparación extraordinaria que le ha otorgado la academia/experiencia/vida/cercanía-con-el-autor de la que carecemos los demás y por lo tanto no podemos refutar aquella interpretación. Igual de dañina es la postura radical que sostiene que no hay ninguna significación válida mas que la del lector mismo; porque se corre el riesgo de desdibujar la participación del texto mismo, convirtiéndolo (reduciéndolo) a una herramienta carente de otro contenido que no sea el que uno desee.
Con este contexto he querido reflexionar sobre la estructura de los textos que obligan a crear una interpretación que trasciende la propuesta del autor. ¿Cómo es posible que un texto logre esto? Suprimiendo propuesta alguna.
Ejemplificaré esto con la obra Rayuela de Cortázar; que en una muestra de genialidad aborda la explicación de esta situación dentro de ella misma.

“[..] la vida de los otros, tal como nos llega en al llamada realidad, no es cine sino fotografía, es decir que no podemos aprehender la acción sino tan sólo sus fragmentos eleáticamente recortados. No hay más que los momentos en que estamos con ese otro cuya vida creemos entender, o cuando nos hablan de él, o cuando él nos cuenta lo que le ha pasado o proyecta ante nosotros lo que tiene intención de hacer. Al final queda un álbum de fotos, de instantes fijos […] la vivencia de esas fotos, […] debía poner al lector en condiciones de aventurarse, de participar casi en el destino de sus personajes. Lo que él iba sabiendo de ellos por vía imaginativa, se concretaba inmediatamente en acción, sin ningún artificio destinado a integrarlo en lo ya escrito o por escribir.  Los puentes entre una y otra instancia de esas vidas tan vagas y poco caracterizadas, debería presumirlos o inventarlos el lector, desde la manera de peinarse, si […] no la mencionaba, hasta las razones de una conducta o inconducta, si parecía insólita o excéntrica. El libro debía ser como esos dibujos que proponen los psicólogos de la Gestal, y así ciertas líneas inducirían al observador a trazar imaginativamente las que cerraban la figura. Pero a veces las líneas ausentes eran las más importantes, las únicas que realmente contaban.”

Un libro con ésta estructura nos obliga a fabricar y dar una significación inasible por el autor, y éste, y no su obra, es la herramienta para una idea*. Aunque hay que cuidarse de no estar frente a una obra del tipo que también se describe en Rayuela, una obra que ha “[…] esperado que la acumulación de fragmentos cristalizara bruscamente en una realidad total. Sin tener que inventar los puentes, o coser los diferentes pedazos del tapiz, que de golpe hubiera ciudad, hubiera tapiz, hubiera hombres y mujeres en la perspectiva absoluta de su devenir…”

A esta altura del escrito me gustaría que la pregunta en la cabeza de los lectores fuera ¿Qué obra ofrece una experiencia así? Me encuentro yo con la misma cuestión, por el momento les aseguro que Rayuela de Cortázar es una.

*Sobre este eje girará la parte dos de -Interpretando un texto- (si algún día se escribe)
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Complementando:

Platicando con una amiga, que es estudiosa de las letras, recibí una noticia que me produjo sentimientos encontrados: La idea expuesta en esta reflexión es materia de estudio para su gremio y está catalogada como "espacios indeterminados". Esto me produjo cierta alegría al saber que no es tan desatinada mi reflexión, pero acompañada de la pesadez de que heme aquí inventando el hilo negro.

Por eso reafirmo públicamente que mi interés es poder ofrecer un espacio de discusión y reflexión literaria para nosotros, los aficionados a la letras.
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 No olviden dar su opinión sobre el tema ;)

Lecturas afines:

¿Queda claro que Rayuela de Cortázar?
Siete noches de Borges

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